Devlog · Episodio 1
Cómo empezó Cavaleiros Celestiais
Un juego sobre un mundo caído, con siete Casas de caballeros y una ciudad que crece junto a quienes juegan. Este es el primer diario.

Las ganas de hacer un mundo a mano
Quería un mundo en línea hecho con cuidado, en el que cada lugar tuviera una razón para existir. No un mapa enorme lleno de nada, sino lugares que recuerdas por su nombre después de pasar por ellos.
Esas ganas se quedaron años en un cajón. Cuando empecé en serio, la primera regla que puse sobre la mesa fue simple: si un rincón del mundo no cuenta nada, se va.
No tengo un estudio grande detrás. Tengo tiempo, terquedad y un cuaderno lleno de ideas tachadas. Cada lugar del juego pasa por ese cedazo: ¿le sirve a quien juega, o solo adorna?

Las siete Casas
La idea central son siete Casas de caballeros. Cada una pelea a su manera, viste un color y lleva una idea propia de cómo defender lo que quedó del cielo.
No quería siete versiones del mismo héroe con el color cambiado. Quería que eligieras una Casa y sintieras, en el primer combate, que elegiste una forma de jugar y también una forma de pensar.
Por eso cada Casa tiene su postura ante el peligro. Una avanza, otra espera, otra protege a quien está cerca. Elegir la tuya es elegir el lugar que ocupas en una pelea.

Cuando todo era una caja
Al principio nada de esto estaba en pantalla. Era suelo liso, cajas donde irían las casas y un muñeco sin rostro caminando por una cuenca vacía. Yo caminaba ahí y anotaba lo que faltaba: casi todo.
Fue una fase fea e importante. Ahí descubrí lo que el juego necesitaba ser antes de verse bonito. Un lugar vacío enseña rápido lo que todavía no tiene alma.
También fue en esa fase cuando empecé a escribir las reglas de todo: qué es una ciudad, qué es una mazmorra, qué hace que un jefe sea un jefe. Sin las cajas feas, no tendría esas respuestas.


Lo que viene
Este diario va a mostrar el camino en el orden en que ocurrió, con palabras simples, como quien le cuenta algo a un amigo. Hubo aciertos, hubo errores y hubo muchas cosas rehechas desde cero.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes de dónde salió todo: de una cuenca vacía y unas ganas testarudas.